viernes, 22 de mayo de 2009

.Cuando la imaginación nos enferma.




En tu cerebro hay un dispositivo que puede salvarte la vida... o arruinártela.

Su funcionamiento sano da lugar a algo que, aunque suene a sabiduría adquirida, en verdad nos viene escrito en el instinto: la prudencia.

Esta palabra viene de "pro-videncia": "ver por adelantado lo que podría suceder" ("pre-ver", "pre-venir").

Tal anticipación permite que tomemos medidas para, eventualmente, protegernos.

PERO... aunque todos los animales tienen este dispositivo, en el mamífero humano sucede algo especial: la capacidad de imaginación puede DESAJUSTAR su mecanismo, creando así auténticas películas de terror de las que somos guionistas... y desesperado público.

En mecánica, si una pieza queda suelta, moviéndose sin sentido, se dice que "gira loca". De allí la aplicación de este término a lo psicológico.

Cuando los miedos utilizan el combustible de la imaginación... arden!

Y el mecanismo instintivo auto-protector "se vuelve loco".

Además, con diversos intereses ocultos o no, algunos difusores sociales, en vez incentivar a la prudencia son propulsores del miedo, con datos incorrectos, estadísticas parciales, rumores sin confirmar, profecías paralizantes... Así se vuelven directores de nuestra aterradora película, agregándole efectos especiales, personajes siniestros y un guión fatal.

¿Resultado?

Ya NO prudencia, sino conductas compulsivas que nos impiden ser eficaces, solidarios, y genuinamente auto-cuidadosos.

Esto genera lo que llamamos stress por imaginación sobreestimulada.

Las Neurociencias saben que cada imagen aterradora auto-creada segrega las mismas sustancias internas que una amenaza real, enfermándonos.

Necesitamos gestar momentos de SILENCIO y QUIETUD que nos desintoxiquen de esa polución interior.

Así podremos ejercer lo que los orientales llaman Viveka: la capacidad de discernir.

Qué temores nacen de nuestra imaginación desbordada? Cuándo minimizamos lo que sucede y cuándo estamos siendo sensatos? Quiénes nos ayudan a tomar recaudos inteligentes y quiénes a confundirnos?

O sea: calmar a nuestro animalito interno asustado para que el miedo en sí mismo no resulte un virus psicológico.

Te convido un muy antiguo relato oriental que parece escrito hoy:

“Un día un peregrino se encontró con la Plaga ...

y le preguntó adónde iba:

- A Samarkanda, -le contestó-;

me tengo que llevar a cuatrocientas personas.

Pasó una semana y cuando el peregrino

se volvió a encontrar con ella

que regresaba de su viaje

la interpeló indignado:

- ¡Me dijiste que ibas a matar

sólo a cuatrocientas personas

y mataste a tres mil!

La Plaga le respondió verazmente:

- ¡Eso no fue así!

Yo sólo maté a cuatrocientas,

como te previne.

A las otras dos mil seiscientas

no las maté yo:

las mató el Miedo."


Autor desconocido

1 comentario:

Rudy Spillman dijo...

Excelente artículo, amiga Claudia, sabe combinar información científica con la mística propia de la mente humana y dar forma final a ambas combinadas por medio de metafóricas expresiones. Te felicito y un buen fin de semana para ti.

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