viernes, 28 de mayo de 2010
martes, 24 de noviembre de 2009
.¿Qué hay detrás del conflicto en Somalía?.

Una visión distinta de los piratas somalíes ¿qué hay detrás?
Martes 10 Noviembre 2009 - 11:50
La comunidad internacional condenó con fuerza y declaró la guerra a los piratas-pescadores somalíes, mientras protege discretamente las operaciones de sus flotas dedicadas a la Pesca Ilegal No Declarada y No Reglamentada (IUU, por su sigla en inglés) procedentes de todo el mundo, que pescan furtivamente y, además, descargan basura tóxica en aguas somalíes desde que cayó el gobierno de ese país hace 18 años.
Cuando colapsó el gobierno de Somalia, en 1991, los intereses extranjeros aprovecharon la oportunidad para comenzar a saquear las fuentes alimentarias del mar del país y a utilizar las aguas sin vigilancia como vertedero de basura nuclear y tóxica.
Según el Grupo de Trabajo de Alta Mar (HSTF, por sus siglas en inglés), en 2005 más de 800 barcos pesqueros IUU operaban al mismo tiempo en aguas de Somalia, aprovechándose de la incapacidad del país de vigilar y controlar sus propias aguas y zonas de pesca.
Los barcos IUUs arrasan anualmente con un estimado de 450 millones de dólares en mariscos y peces de las aguas somalíes. Así roban una fuente inestimable de proteína a una de las naciones más pobres del mundo y arruinan el sustento de vida legítimo de los pescadores.
Los reclamos contra la descarga de basura tóxica, así como la pesca ilegal, han existido desde principios de los años 90, pero las pruebas físicas emergieron cuando el tsunami de 2004 azotó el país.
El tsunami sacó a la luz un peligro oculto
El Programa del Ambiente de Naciones Unidas (UNEP, por sus siglas en inglés) reportó que el tsunami reventó la herrumbre de los contenedores de basura tóxica que se
martes, 5 de mayo de 2009
.Genocidio en Ruanda.
Ruanda, 15 años del genocidio
El precio de mirar hacia otro lado
La comunidad internacional permaneció pasiva ante el asesinato de 800.000 tutsis y hutus moderados en el país africano
RAMÓN LOBO - Madrid - 10/04/2009
Ruanda ha comenzado a conmemorar su mayor tragedia nacional: el genocidio que en la primavera de 1994 acabó con la vida de 800.000 tutsis y hutus moderados. En sólo 100 días, los genocidas acabaron con el 20% de la población. Mataron lista en mano, dirigidos por las milicias del Poder Hutu y alentados por locutores de la radio de las Mil Colinas que exigían arrancar los fetos de las mujeres embarazadas tutsis.
A FONDO
Capital:
Kigali.
Gobierno:
República.
Población:
10,186,063 (est. 2008)
La llamada comunidad internacional dispone también de 100 días para recordar y meditar sobre su pasividad mientras los interhamwe (los que matan juntos) macheteaban a un ritmo de 333 muertos a la hora.
Aún se discute quién disparó o mandó disparar el misil tierra-aire que derribó el avión del presidente de Ruanda, Juvénal Habyarimana, el 6 de abril de 1994, y cuya muerte puso en marcha la maquinaria del genocidio. Se discute con pasión en Francia, cuyo Gobierno liderado entonces por François Mitterrand fue de los mayores responsables: alimentó durante años de armas al Poder Hutu y organizó en los estertores del genocidio
Se discute quién mató a Habyarimana cuando el hecho incontestable es que la matanza estaba preparada minuciosamente por el Poder Hutu y que existían listas de tutsis por distritos, aldeas y barrios y las milicias de asesinos sabían lo que debían hacer cuando se diera la orden.
Al presidente lo pudieron matar los radicales de su régimen que lo consideraban un traidor por firmar los acuerdos de paz de Arusha con la guerrilla del Frente Patriótico Ruandés (FPR), creada por los tutsis exiliados en Uganda a finales de los años cincuenta y que había ocupado el norte de Ruanda. Lo pudo matar el FPR, que tenía acantonado en Kigali a 600 hombres tras esos acuerdo de paz, y lo pudo matar una potencia extranjera insatisfecha con el manejo de la situación de su antiguo cliente. La lista de sospechosos es larga; las pruebas, escasas.
Discutir tanto sobre la excusa que pone en marcha una maquinaria de muerte que asesinó a un ritmo tres veces superior al de los nazis en el Holocausto y obviar el genocidio posterior es una forma de negacionismo, de empatía moral con los ejecutores, con los asesinos.
El genocidio de 800.000 personas y la huida de dos millones de hutus asustados a Zaire, arrastrados por el Poder Hutu (a los que se negaban a abandonar sus aldeas se les acusaba de colaboracionistas), provocó una quiebra moral, tal vez irreparable, de la sociedad ruandesa. La toma del poder por parte del Frente Patriótico Ruandés en julio de 1994 puso fin al genocidio de tutsis, pero no a la muerte (una epidemia de cólera mató en Goma a 30.000 hutus ese verano) ni a las matanzas, las de los otros y las suyas.
Durante dos años, la comunidad internacional (ONU y ONG incluidas, aunque ése no era su trabajo) mantuvo campos de refugiados de Zaire en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur, fronterizos con Ruanda, pese a que eran gobernados por los genocidas. Desde esos campos se lanzaron incursiones contra la nueva Ruanda y se produjeron nuevos asesinatos. Nadie hizo nada por impedirlo. Se prefirió otra vez mirar hacia otro lado. Algunos de los países que enviaban ayuda a los Kivus vendían armas a los asesinos que obtenían el dinero para pagarlas del comercio ilegal de la ayuda humanitaria recibida.
En 1996, las nuevas autoridades de Ruanda lanzaron una ofensiva militar contra los campos a través de una guerrilla local, los banyamulengues (tutsis zaireños), apoyada por soldados regulares. Decenas de miles de hutus huyeron a la selva, aunque la gran mayoría optó por regresar a su país. La caída de los campos a finales de 1996 puso en marcha una rebelión más amplia, liderada por Ruanda y Uganda y su hombre, Laurent Kabila, contra Mobutu Sese Seko, el dictador de Kinshasa y estrecho aliado de Francia. El FPR aprovechó ese avance hacia la capital zaireña para matar todos los hutus posibles, sin diferenciar entre genocidas y escudos humanos.
Aquel avance hacia Kinshasa de una guerrilla variopinta liderada por Kabila escondía otra guerra dentro la guerra, la pugna entre Francia, la vieja metrópoli, y EEUU que, ganada
En mayo de 1997 cayó Mobutu del trono de Kinshasa y se instaló en él Kabila, el hombre de Ruanda y Uganda que no cumplió las expectativas. Por ello, sus patrocinadores trataron de derrocarle en agosto de 1998. Del fracaso de aquella asonada brotó otra guerra que implicó a Zaire (llamada ya República Democrática de Congo), Ruanda, Uganda, Burundi, Namibia, Angola, Chad, Sudán y Zimbabue. Esta guerra mundial africana, que finalizó con unos precarios acuerdos de paz en julio de
Decía al principio que todo empezó con un genocidio de 800.000 personas que nadie quiso o supo parar. Como ahora en Sudán, donde también falta perspectiva. O como sucedió en Bosnia-Herzegovina: más de 100.000 muertos y dos millones de desplazados y refugiados de una guerra que en marzo se cumplieron 17 años de su inicio. De aquella incapacidad de actuar nació Kosovo y sus consecuencias de Abjacia y Osetia del Sur. La política internacional es una compleja madeja que no obedece a cómodos plazos electorales de cuatro años. A veces, mirar hacia otro lado mata, es obsceno, y a la larga resulta demasiado caro desde el punto de vista político.
miércoles, 15 de abril de 2009
.Muertes de niños por jarabe contaminado aumentan a 84 en Nigeria.
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La cantidad de niños que murieron en Nigeria por consumir jarabe dental contaminado con un químico venenoso aumentó a 84, una cifra que supera más de tres veces lo anunciado en diciembre, indicó el viernes el ministro de Salud local. | |
| Babatunde Osotimehin dijo que se habían informado 111 casos de chicos que enfermaron después de tomar el jarabe dental "My Pikin" contaminado con glicol dietileno, un compuesto responsable de provocar insuficiencia renal. "El envenenamiento causó muchas muertes de niños de entre 2 meses y 7 años en Nigeria. Se reportaron 111 casos desde noviembre y 84 son muertes", indicó el ministro en un comunicado. El primer caso fue descubierto el 3 de noviembre, con síntomas que incluían diarrea, vómitos, fiebre, convulsiones e incapacidad para orinar. Los funcionarios de salud informaron en diciembre que 24 pequeños habían muerto. Más de 400 botellas del jarabe My Pikin fueron retiradas de los comercios de todo el país africano y algunas personas involucradas en su distribución fueron arrestadas. La compañía nigeriana con sede en Lagos que fabrica el producto fue cerrada. Desde hace tiempo, los fármacos contaminados y falsificados son un problema para la nación más poblada de Africa, pese al compromiso de la Agencia Nacional para la Administración y Control de Alimentos y Medicamentos (NAFDAC por su sigla en inglés) de tomar medidas al respecto. En 1990, 109 niños murieron después de tomar jarabe de paracetamol que contenía el solvente glicol de etileno, un compuesto relacionado con el glicol dietileno y también normalmente empleado como refrigerante para motores. Fuente: Reuters. | |
martes, 7 de abril de 2009
.Las multinacionales farmacéuticas utilizan a los niños africanos como cobayas.

Un médico que participó en los experimentos denunció los hechos
06 de abril 2009. - La mayor farmacéutica del mundo, Pfizer, pagará 55 millones de euros a un grupo de familias nigerianas para evitar un juicio por la muerte de 11 niños en el país africano que sirvieron como cobayas de un medicamento en pruebas, Trovan.
En 1996, Nigeria sufrió una epidemia de meningitis que terminó con la vida de al menos 11.000 personas. En medio de la crisis humanitaria, Pfizer, famosa por haber inventado la Viagra, envió un grupo de médicos que colocó su centro de operaciones al lado de un centro médico gestionado por Médicos sin Fronteras, quienes intentaban detener la tragedia gracias a medicinas cuya fiabilidad estaba demostrada.
Los médicos enviados por la farmacéutica captaron 200 niños y prometieron a sus familias que los curarían.
Once de aquellos niños murieron y muchos más sufrieron efectos secundarios graves, incluidos daños cerebrales. Pese a que la alerta sanitaria persistía, el fracaso de la terapia experimental de Pfizer llevó a la empresa a desmantelar su dispositivo apenas dos semanas después de llegar al campo sin ofrecer información sobre los experimentos.
La historia es una de tantas que ocurren en África y que tantas veces han sido carne de novela o de película. No en vano, John Le Carré escribió El jardinero fiel, cuya adaptación a la gran pantalla consiguió cuatro Oscar, a partir de los hechos ocurridos aquel 1996 en Nigeria, según alega uno de los abogados.
En lugar de acabar en el baúl de los recuerdos, la conciencia de uno de los investigadores que participó en la misión de Pfizer le llevó a denunciar los hechos a su propia empresa mediante una carta dirigida al máximo directivo de la compañía, William Steere.
En ella, el médico advertía de lo ocurrido y aseguraba que las pruebas realizadas por Pfizer habían "violado normas éticas". Un día después de enviar la carta, el empleado fue despedido aunque la farmacéutica alegó que no tenía relación con la misiva.
Pfizer siempre ha mantenido que contaba con el permiso de las autoridades sanitarias del país para probar el nuevo medicamento y que recabó el permiso de los padres, algo que ellos niegan. Además, la farmacéutica afirma que sólo seis de los niños murieron tras administrárseles Trovan y que los otros cinco fallecieron tras recibir dosis de Rocephin, un producto certificado.
Nueve años después, la batalla legal iniciada por un grupo de familiares de los niños afectados y conducida por un abogado nigeriano y otro estadounidense ha dado sus frutos. Pfizer se ha comprometido a pagar a los afectados 55 millones de euros en concepto de indemnización tras llegar a un acuerdo extrajudicial, según informa el diario británico The Independent.
Sin embargo, el caso podría seguir vivo en Estados Unidos, donde un tribunal de apelación del estado de Nueva York ha admitido que el caso debe ser admitido a trámite en el país donde radica la compañía.