
Hoy resulta casi imposible leer una publicación médica donde no se afirme que la obesidad adquiere dimensiones epidémicas o que constituye una verdadera transición antropológica de la especia hacia el “mono obeso” en que parece que nos vamos convirtiendo. Las múltiples patologías que de esto se derivan son las que los médicos asistimos a diario en nuestros consultorios en pacientes de todas las edades y comenzando cada vez más temprano. Diabetes, dislipemias, hipertensión, enfermedad coronaria prematura, resistencia a la insulina, diversas neoplasias y muchos otros son los diagnósticos cotidianos para millones de personas en todo el mundo.
También es cierto que las estrategias para controlar la situación muestran altísimas tasas de fracaso. Cuando se analizan las causas los investigadores difieren en el peso que a cada una le atribuyen. Alteraciones de la conducta alimentaria, urbanización, sedentarismo, modificaciones de la calidad de la dieta, disrruptores endocrinos, reducción de las horas de sueño, son sólo algunas de las más mencionadas. Finalmente todo parece señalar que el impacto de nuestros modos de vida contemporáneos conforman los cuerpos de las personas y la clínica registra las alteraciones que esto ocasiona. Así, los modos de vivir anticipan los modos de morir.
¿Qué tiene que ver la cultura?
Según la clásica definición de Taylor, cultura es: "aquel complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad".
Desde la perspectiva antropológica la cultura es la matriz de los hábitos y las costumbres en todas sus esferas de aplicación. En este marco teórico confluyen lo individual y lo colectivo explicándose mutuamente en una trama compleja y variable.
La cultura influencia la conducta vinculada a la salud de varias formas:
• Aporta definiciones acerca de lo normal y lo patológico.
• Provee un repertorio de explicaciones causales para los síntomas.
• Determina roles vinculados a quién es el enfermo y cómo debe actuar.
• Legitima procedimientos de asistencia sanitaria.
• Conforma hábitos y prácticas que facilitan
