
24 de Mayo de 2010 · Por Juan Luis Berterretche - Ecoportal*
Tres semanas después que el presidente Barak Obama autorizaba la expansión de la exploración de hidrocarburo y gas en las costas estadounidenses, una plataforma de la British Petroleum estallaba y se hundía en el Golfo de México liberando un enorme e incontrolable surtidor de petróleo. Una válvula de seguridad submarina que podría haber evitado el derrame no había sido instalada para "reducir costos". Hasta ahora BP realiza sin éxito, tentativas desesperadas y peligrosas para taponar la perforación. Los expertos dicen que este "accidente" puede ser más dañino que el derrame del petrolero Exxon Valdez (1) en Alaska.
El miércoles 31 de marzo de este año, el presidente Barak Obama hizo pública una nueva estrategia para las perforaciones marítimas estadounidense, que expande la exploración de petróleo y gas natural en las costas del Atlántico, la zona oriental del Golfo de México y el norte de Alaska. Dirigiéndose a los republicanos -en función de lobistas de las petroleras- que venían realizando insistentes presiones con el fin de habilitar nuevas franjas para la prospección en busca de crudo, el presidente señaló en un discurso en la base Andrews de la Fuerza Aérea, en Maryland: "Sé que podemos unirnos para aprobar leyes integrales sobre la energía y el clima que alentarán nuevas industrias y millones de empleos nuevos, protegiendo nuestro planeta y ayudándonos a ser más independientes en la energía"

Su afirmación respecto a la "protección del planeta" resultó de inmediato inversamente premonitoria. Tres semanas después, la plataforma Deepwater Horizon de la British Petroleum (BP) (2) en el Golfo de México, explotaba, se incendiaba y se hundía matando a once trabajadores. Como secuela dejó un derrame de crudo, que lejos de "alentar nuevas industrias y millones de empleos nuevos" contamina las costas de Luisiana, Alabama, Misisipi y Florida, sus refugios de vida salvaje, la pesca y los criaderos de ostiones y camarones.
La transnacional británica responsable del desastre, cuenta con un nutrido historial como exterminador del futuro. El 23 de marzo de 2005, en una explosión en la refinería de British Petroleum en Texas City, Texas, murieron 15 trabajadores contratistas y 70 empleados de la planta se hallaron entre los más de cien heridos en el incidente. El intenso calor producido por el incendio originó la explosión de varios automóviles y camiones. La explosión afectó a muchos edificios y rompió los cristales de las ventanas de viviendas situadas a varios kilómetros de la planta.

Una vez que se conocieron los antecedentes de negligencia en el mantenimiento de la refinería de Texas City, BP fue duramente criticada por las agencias de seguridad federales, que no habían fiscalizado como deberían los procedimientos de la petrolera. Una agencia independiente federal, la US Chemical Safety Board, la acusó de reducir sus gastos en seguridad y mantenimiento para aumentar sus ganancias. El Congreso de EEUU, que nunca se caracterizó por su sensibilidad ecológica, también se hizo eco de las denuncias. BP respondió de inmediato que los responsables de negligencia eran los ingenieros y ejecutivos heredados de Amoco. Éstos, que habían operado con anterioridad la planta, rechazaron la acusación.

John Browne, el presidente ejecutivo de BP, había comprado la Amoco (3) en 1998 como parte de un plan de crecimiento. Para reducir costos, Browne dejó sin reemplazar a cientos de puestos de ingenieros que habían dejado la compañía y optó por aumentar su dependencia de los subcontratistas. Al mismo tiempo, introdujo un nuevo eslogan corporativo "Beyond Petroleum" ("Más Allá del Petróleo") y reemplazó su logotipo con, un sol verde y amarillo con el nombre del dios griego Helios, con objeto de subrayar el supuesto interés de la compañía en combustibles alternativos y más limpios para el medioambiente. La explosión de la planta en Texas City desnudó la hipócrita "responsabilidad social" de la transnacional.
En julio de 2005, la plataforma Thunder Horse (4) -un proyecto de BP de 1.000 millones de dólares en el Golfo de México a 240 km al sureste de Nueva Orleans, donde Exxon Mobil participa con el 25%-, se inclinó 20 grados tras el paso del huracán Dennis. BP culpó a los problemas de diseño y de ingeniería, no al huracán, por la inclinación de la plataforma. Sin víctimas fatales, el accidente alertaba sobre la continuidad de la indolencia en la compañía respecto a las normas de seguridad.
En marzo de 2006, se derramaron 267.000 galones de crudo (más de un millón de litros) de un oleoducto del Sistema de Oleoductos Trans-Alaska de casi 1.300 kilómetros, gestionado por BP. El desastre confirmaba la denuncia de los ecologistas contrarios a abrir el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico a la exploración petrolífera. Cinco meses después, en los primeros días de agosto de 2006, se produjo la catastrófica ruptura de una sección del oleoducto perteneciente al mismo yacimiento de la bahía de Prudhoe.
El 8 de agosto de 2006, el gobierno estadounidense ordenó el cierre temporal de toda la producción de crudo de Alaska, lo que eliminó el 8% del suministro diario de petróleo en EEUU. Inspectores del Departamento de Transporte de EEUU determinaron que la causa fue la "corrosión extrema" originada por los recortes de costos y el insuficiente mantenimiento de los oleoductos. Tras los derrames de crudo en Alaska, los investigadores del Congreso oyeron un testimonio de un ex ingeniero de BP en Alaska, quien afirmó: "No hay duda de que los recortes de costos y las ganancias han adquirido prioridad frente a la seguridad y el medio ambiente".